Para mí, un paisaje nevado es algo muy cercano a la felicidad absoluta. Tal vez sea por eso de vivir en una ciudad muy pegada al mar donde hace ya décadas que no se ve ni un copo de nieve, tal vez sea por mis ansias de volver a ese rincón entre Teruel y Guadalajara cuando quiero olvidarme de todo y recargar las pilas y que se pone precioso cuando nieva, tal vez sea por el hecho de identificar nieve con silencio, o tal vez por todas esas cosas a la vez.
Las nevadas en muchas ocasiones tienen cara de niños haciendo muñecos de nieve o gente tirándose en trineo por una pequeña ladera. Pero todo temporal de nieve tiene también su cruz. La borrasca Ingrid nos lo dejó bien claro el pasado fin de semana. En lo que toca al sector logístico, la llegada del temporal llevó a la Dirección General de Tráfico a establecer restricciones a la circulación en muchos puntos de la red viaria nacional. Quiero entender que el organismo que dirige Pere Navarro actuó bajo criterios técnicos y siempre buscando el bienestar y la seguridad de los usuarios de esas carreteras, incluidos los conductores profesionales. Recientes tragedias relacionadas con las manifestaciones del cambio climático han llevado a las Administraciones a ser mucho más prudentes y a no subestimar ningún aviso en aras de prevenir males mayores. Hasta aquí, poco que objetar.
No hay que dejar de denunciar lo que a todas luces fue una decisión equivocada
Las restricciones impuestas por la DGT provocaron que miles de camiones y transportistas profesionales quedaran bloqueados en áreas de servicio y carreteras. Si bien sí hubo zonas en las que fue imposible circular, también lo es que muchas de las carreteras cerradas al tráfico eran transitables. Sin embargo, esos camiones siguieron paralizados a la espera de que la Dirección General de Tráfico levantara esas prohibiciones. En un momento complicado para el sector del transporte de mercancías por carretera, la decisión de la DGT no hizo sino agravar esa sensación entre impotencia, frustración y algo de hartazgo en la que desde hace un tiempo está instalado el sector. Y fue esa sensación la que llevó a las asociaciones que componen el Comité Nacional de Transporte por Carretera -primero por separado y luego en conjunto- a denunciar la decisión de la DGT y a tildarla de injustificada y arbitraria. El sector en su conjunto estaba que trinaba el pasado viernes, un enfado que fue en aumento conforme avanzaba la jornada. Tanto es así que el propio CNTC pidió el cese de Pere Navarro. Una mala decisión administrativa volvía a unir a todo el sector. Reconocerán no obstante que resulta paradójico que las grandes asociaciones patronales se unan para denunciar una situación que es totalmente denunciable pero que no lo hagan para poner remedio a los grandes males que aquejan al propio sector desde dentro.
Con todo, en este caso concreto aplaudo el comunicado que emitió el Comité el viernes. Con total seguridad no llegará a nada, pero no por ello hay que dejar de denunciar lo que a todas luces fue una decisión equivocada; sin mala intención, pero equivocada. Porque una vez se constató que la circulación por algunas carreteras con restricciones era segura, lo que debería haber hecho la DGT en ese momento es levantar las restricciones, siempre constatando que era posible transitar. Creo que nadie en el sector discute el hecho de tomar medidas de seguridad cuando se requieran. El problema es cuando nieva sobre mojado, es decir, cuando bien por movilizaciones de otros sectores, bien por decisiones de la Administración, el transporte por carretera es el que paga las consecuencias, algo que, a la hora de tomar este tipo de decisiones, la DGT tendría que haber tenido en cuenta.