Algunos mapas explican el mundo mejor que muchos discursos. Uno de ellos aparece en el informe “Maritime Forecast to 2050” de DNV, sobre el que Diario del Puerto publicó el pasado viernes el reportaje “La flota mundial se juega su futuro energético”. En el documento de 78 páginas, el mapa de la Figura 2-2 dibuja las regulaciones sobre emisiones de gases de efecto invernadero que afectan al transporte marítimo global. Y sólo hacen falta unos segundos para preguntarse quién está pagando las fantas de la descarbonización marítima. La respuesta es clara: Europa.
El mapa muestra una Europa intensamente regulada frente a enormes espacios del globo prácticamente ajenos a medidas regionales equivalentes. Están, naturalmente, las normas globales de eficiencia energética de la OMI, pero cuando entramos en mecanismos que ponen precio a las emisiones o exigen reducir la intensidad de carbono de los combustibles, la UE destaca con el ETS y FuelEU Maritime. DNV calcula que ambas regulaciones afectan conjuntamente a entre el 10% y el 15% del consumo de combustible de la flota mundial.
Mientras tanto, ¿qué hacen Estados Unidos, China, India, Rusia o buena parte de las grandes economías mundiales o de los países productores de petróleo? El mapa ofrece una respuesta bastante gráfica. Existen algunas iniciativas nacionales (también aparecen Reino Unido, Gabón o Yibuti) pero estamos muy lejos de unas reglas comparables y, sobre todo, globales. Y aquí aparece nuestro pagafantas europeo. No porque Europa haga mal en querer descarbonizar el transporte marítimo. Todo lo contrario. Alguien tiene que abrir camino, impulsar tecnologías, promover combustibles alternativos y asumir que la emergencia climática exige decisiones.
El problema de la descarbonización del transporte marítimo empieza cuando liderar se confunde con correr solo
El problema empieza cuando liderar se confunde con correr solo. Porque el cambio climático no conoce fronteras. Una tonelada de CO₂ emitida en el Índico no es menos dañina que otra emitida en el Mediterráneo. Si imponemos costes crecientes a quienes operan en Europa mientras buena parte de sus competidores navegan bajo condiciones diferentes, podemos debilitar nuestra competitividad sin solucionar el problema global. Quizá, por eso, convenga plantearse si desacelerar ciertos ritmos europeos puede ser la mejor manera de llegar más lejos, dando tiempo a que maduren tecnologías, combustibles e infraestructuras y a que el resto del mundo se incorpore a la carrera.
Ahí entra la OMI. En octubre de 2025 cubrí en Londres aquella semana extraordinaria que debía culminar con la adopción formal del Marco de Emisiones Cero y terminó en un aplazamiento de un año por el profundo desacuerdo entre los Estados. DNV contempla ahora desde su aprobación hasta el bloqueo político prolongado; y advierte de que la falta de acuerdo global puede acabar generando todavía más regulaciones regionales, es decir, un mosaico aún más complejo.
Europa tiene conciencia climática y hace bien en tenerla. Pero la virtud puede convertirse en ingenuidad cuando otros aprovechan comercialmente el esfuerzo que tú realizas. En economía existe una expresión perfecta: “free rider.”: el que disfruta del beneficio colectivo sin pagar por él. En español castizo lo traduciríamos por jeta, o como decimos en Bilbao, “aprovechategui”. Pagafantas unos; aprovechateguis, otros. Por cierto, hace ya 18 años que se rodó en la calles de Bilbao “Pagafantas”, ópera prima de Borja Cobeaga, con Gorka Otxoa, Sabrina Garciarena, Julián López y Óscar Ladoire en el reparto. Y parece que fue ayer....