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Podría ser peor, podría llover

  • Última actualización
    10 octubre 2023 05:20

Creo que nadie puede negar ya que estamos inmersos en una crisis económica. Se pueden buscar eufemismos como ralentización, desaceleración, decrecimiento... pero si lo pensamos bien, es mejor llamar a las cosas por su nombre. Esto evita muchos problemas, sobre todo porque si escondemos la realidad, lo más seguro es que no acertemos con las soluciones, y eso, hoy en día, es un error casi fatal. Mucho se ha hablado ya de las causas de este período de recesión que atravesamos. Bien es cierto que no todos los países lo están sufriendo por igual, aunque también lo es que aquellas economías que por el momento han logrado esquivar la crisis no van a estar toda la vida haciéndolo. Perdonen la crudeza, pero más vale ir haciéndose a la idea.

Pero la pregunta del millón, aquella que quita el sueño a más de uno y de la que todo el mundo querría la respuesta es saber cuándo va a acabar esta situación y, consecuentemente, cuando el comercio internacional -ecosistema en el que se mueve este sector logístico nuestro- va a dejar de frenar y va a comenzar a acelerar. Les voy a hacer un pequeño spolier: nadie lo sabe. Y nadie lo sabe porque en este convulso mundo que nos toca vivir no hay reglas definidas, no hay parámetros a los que agarrarse, y ni mucho menos hay certezas que nos permitan saber qué pasará mañana con ciertos visos de garantías.

La pregunta del millón es saber cuándo el comercio internacional va a dejar de frenar y va a comenzar a acelerar

Aun así, hay que todavía hace previsiones, más que nada porque forma parte de su trabajo. La Organización Mundial del Comercio las hace de manera periódica. Y tan rápidamente como las hace, las cambia. No me malinterpreten, no reprocho nada a la OMC. Hoy día es casi imposible acertar. Pero hasta que llegue la próxima corrección, vayamos a lo que dice en estos momentos el organismo internacional en sus “Perspectivas y estadísticas del comercio mundial”. Se lo resumo: la desaceleración del comercio parece ser generalizada y preocupante, ya que afecta a un gran número de países y una amplia gama de mercancías. Y ojo a esto: se están empezando a ver signos de fragmentación de las cadenas de suministro, lo que es una amenaza a las perspectivas relativamente positivas para 2024.

Todos ustedes saben perfectamente qué significa esto, y lo saben porque lo llevan viviendo desde el año 2020. Pero hay más. A unos fletes cada vez más bajos -el flete medio monitorizado por Drewry en la última semana ya está por debajo de los valores promedio de antes de la pandemia- se suman los costes a los que deben hacer frente las navieras por el reposicionamiento de equipo vacío, que según la consultora se cifran en unos 16.000 millones de dólares anuales. Y por si todo esto fuera poco, no hay que perder de vista la situación que atraviesa la International Longshore and Warehouse (ILWU), uno de los grandes sindicatos de estibadores de Estados Unidos, que se ha declarado en quiebra y que podría tener derivadas en las operativas portuarias de los grandes enclaves de América del Norte. Y aún hay más. La entrada en vigor del ETS en enero de 2024 y las consecuencias derivadas del conflicto en Ucrania también entran en esta ecuación perversa.

Todo esto me recuerda a esa escena de la famosa película de Mel Brooks “El jovencito Frankenstein”, en la que unos sublimes Gene Wilder y Marty Feldman están de lodo hasta las orejas mientras desentierran cadáveres para crear al monstruo. Tras las quejas de su amo, Igor intenta reconfortarlo diciendo que podría ser peor, que podría llover. Y, adivinen, en ese momento comienza a diluviar. Sean felices.