Atrás quedan ya las vacaciones de verano, al menos para el que escribe este Punto de Fuga. Se acabó el caminar lánguidamente hasta la Laguna de los Majanos parándonos cada 20 metros para retratar un paisaje que no sabremos cuándo volveremos a ver. Se acabó sacar las sillas a la puerta de casa comiendo pipas y frutos secos para hablar de lo divino y de lo humano. Se acabaron esos sanedrines nocturnos frente a la casa de la abuela sentados en la viga de madera, conciliábulos que se forman en busca del fresco nocturno que afrontamos en un primer momento en manga corta, bermudas y sandalias, para luego buscar como locos una sudadera y unos pantalones vaqueros. Se acabó el enseñar al sobrino de cuatro años a ir en bicicleta. Se acabó eso de encender brasas para asar carne, embutido y todo lo que se tercie. Se acabó el bricolaje y las tareas de mantenimiento en puertas, rejas y demás. Se acabó el viaje familiar que llevamos organizando desde hace un año, y que ha servido para constatar lo importante que es cuidar y fortalecer unos vínculos con las personas que más quieres.
Y a pesar de que hemos desconectado de nuestras obligaciones laborales, les confieso que no he podido desconectar del todo de lo que ha pasado en este sector logístico nuestro. A grandes rasgos, podemos afirmar que la inestabilidad geopolítica internacional no se ha tomado un descanso, sino más bien al contrario. La tensión creciente entre Estados Unidos e Irán a cuenta de quién controla el Estrecho de Ormuz seguirá afectando a las cadenas de suministro y, sobre todo, a los costes energéticos de navieras y operadores logísticos. Por otro lado, habrá que ver que derivadas tendrá el acuerdo entre Estados Unidos y Venezuela en materia energética. ¿Disponer del petróleo venezolano servirá a Donald Trump para dejar de prestar atención en Oriente Medio? Sólo el tiempo lo dirá.