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Sí a la logística, no a la ruina

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  • Última actualización
    22 septiembre 2026 05:20

Desde prácticamente sus inicios, la industria cerámica española ha sabido fabricar, innovar y vender en prácticamente cualquier mercado del mundo. Después de atravesar decenas de crisis, ha sabido salir de ellas a base de adaptación: adaptación a la competencia de otras zonas productoras con menores costes; adaptación a la normativa nacional y europea; adaptación a una nueva forma más sostenible de entender el proceso productivo. Y es paradójico que un sector tan preminentemente exportador como el azulejero, que ha sabido llegar a prácticamente cualquier rincón del globo, encare un reto que, a pesar de ser poco visible, diría que actualmente es el más fundamental: conseguir que esa mercancía llegue a destino con un coste, un plazo y una fiabilidad en un momento en que el mercado internacional es imprevisible.

El sector español de baldosas cerámicas exporta alrededor del 72% de su facturación y está presente en unos 190 países. Quien piense que la logística sigue siendo un servicio auxiliar más de la industria comete un craso error; podría decirse que esa logística, ese saber posicionarse más allá de tus fronteras forma parte ya del producto final, es algo intrínseco a cada una de esas baldosas.

La mayoría de las exportaciones de las empresas azulejeras viajan por mar. Aquí encontramos el primer problema. Las rutas marítimas han dejado de ser una variable más para serlo de primer orden. La tensión que se vive en Oriente Medio desde hace años provocó un aumento de la inseguridad en el Mar Rojo y el Canal de Suez, haciendo saltar por los aires las rutas tradicionales marítimas y obligando a las grandes navieras a transitar por el Cabo de Buena Esperanza. Y ahora, el conflicto entre Estados Unidos e Irán ha provocado el cierre del Estrecho de Ormuz y una crisis energética que ha disparado los costes logísticos relacionados con el combustible. ¿Cuál es la traducción de todo esto? Fletes superiores, desvíos de rutas, mayores tiempos de tránsito, una cascada de recargos extraordinarios, baja disponibilidad de contenedores, mayores índices de retención de la carga en las zonas de producción... En suma, alta incertidumbre que no casa nada bien con esas cadenas de valor que durante años se fueron levantando eslabón tras eslabón.

Hace años, quizá con encontrar un flete barato bastaba. Saber el precio era suficiente. Hoy ya no

La segunda amenaza llega, precisamente, desde donde menos cabría esperar. No se trata de guerras en zonas remotas o agresiones de un país a otro. Desde Washington llega una nueva ola arancelaria que ha puesto patas arriba la facilidad con la que las mercancías fluían por el globo. Sólo hablar de aranceles ya hizo temblar a una industria azulejera extraordinariamente internacionalizada. Tras esa oleada arancelaria, un mercado tan fundamental como Estados Unidos ha experimentado un retroceso considerable. Una cifra para poder acotar ese impacto: en 2024, el estadounidense fue el primer mercado exterior de la industria azulejera internacional, acumulando casi el 14% de las exportaciones totales.

Habrá quien aplauda esos aranceles. En mi opinión demuestra cortedad de miras. Porque esa barrera hace que aumente la presión sobre el resto de la cadena logística, que ve que las facilidades de antaño se han transformado en mayores gestiones aduaneras y arancelarias, mayor documentación a realizar en origen y destino, mayor coste en la contratación de coberturas de seguros, y mayor esfuerzo a la hora de realizar y gestionar inventarios y stocks.

Hace años, quizá con encontrar un flete barato bastaba. Saber el precio era suficiente. Hoy ya no. Hoy, el productor y exportador cerámico quiere saber si la ruta que utiliza para hacer llegar un contenedor repleto de baldosas a su destino seguirá siendo la misma no ya el mes que viene, sino mañana. Por eso es necesario saber rodearse de un socio logístico de confianza, que sea capaz de lograr el equilibrio entre coste y servicio a medida. Por eso me cuesta tanto entender como hay quien todavía aplaude acciones que, poco a poco, nos llevan a todos a la ruina.