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Suez languidece y Bab al Mandeb arde

  • Última actualización
    31 marzo 2026 05:20

El anuncio del pasado sábado de los rebeldes hutíes de Yemen de sumarse al conflicto en Oriente Medio era algo esperado. La variable de que tarde o temprano, como ocurrió con los ataques de Israel sobre Gaza, la milicia rebelde yemení se convertiría en un nuevo actor de la guerra en Irán ya era contemplada por los servicios secretos tanto de Estados Unidos como de Israel. La comparecencia de Yahya Sarea, portavoz de los insurgentes, dejaba claro que los hutíes van a utilizar todas las armas a su alcance para meter aún más presión a una zona ya bastante tensionada. Y una de esas armas, la más importante a mi parecer, es la de bloquear el Estrecho de Bab al Mandeb, que da acceso al Mar Rojo, al Canal de Suez y, consecuentemente, al Mar Mediterráneo. Por el momento, el movimiento de los hutíes se ha quedado en amenaza, pero nadie duda que, si se prolonga el conflicto en Irán, la navegación por este estrecho se haría muy complicada.

Con el órdago lanzado el sábado, la incipiente vuelta de algunas navieras a transitar por el Canal de Suez podría quedar en nada. Desde el pasado 28 de febrero, cuando comenzaron los ataques de Estados Unidos e Israel, el número de portacontenedores que han apostado por Suez sigue en caída libre. Según Drewry, en la segunda quincena de marzo se han contabilizado el paso de 43 buques, un 33% menos de los 64 registrados en la primera quincena. Que en un mes transiten por el Canal algo más de un centenar de barcos, cuando en condiciones normales lo hacen entre 1.500 y 1.700, dice mucho de cómo está afectando el conflicto a una de las principales vías marítimas del mundo y al comercio interoceánico entre Asia y Europa.

Si el conflicto se enquista y no cesan las hostilidades, la economía mundial podría comenzar a notar las consecuencias

La guerra en Irán ha trastocado los planes de muchas navieras que veían que la vuelta a Suez era una opción cada vez más real. Incluso algunas de ellas, después de monitorizar durante meses la situación, decidieron enviar buques a la región, retomando sus servicios y dejando de navegar por el Cabo de Buena Esperanza en sus rutas entre Asia y Europa. Todo eso quedó en suspenso el 28 de febrero.

Ahora, la incógnita más apremiante a la que hay que dar respuesta es saber cuánto durará la guerra, algo que va a repercutir en el tiempo que tarden las navieras en volver al Canal de Suez. A corto y medio plazo, ese retorno se antoja imposible, sobre todo si el conflicto escala y los hutíes cumplen su amenaza de bloquear el Estrecho de Bab al Mandeb, o atacar a aquellos buques que transiten por él. También habrá que ver si esos ataques, de producirse, son contra todo tipo de buques o sólo contra aquellos que, según los hutíes, puedan tener alguna relación con Estados Unidos o Israel.

Por el momento, lo que sabemos es que la inmensa mayoría de los barcos que mueven mercancías en contenedor entre Asia y Europa seguirán transitando por el Cabo de Buena Esperanza buscando aguas más tranquilas para sus flotas, equipo humano y carga. Consecuentemente, eso va a volver a poner a prueba la resiliencia del sector logístico por enésima vez, y va a volver a disparar los costes logísticos, algo que, por desgracia, se está repitiendo con demasiada asiduidad en los últimos tiempos: los fletes spot llevan cuatro semanas consecutivas de subidas.

Y ojo porque, si el conflicto se enquista y no cesan las hostilidades, la economía mundial podría comenzar a notar las consecuencias, abriendo las puertas a una nueva recesión. Hasta el presidente de BlackRock, Larry Fink, ha hecho sonar la voz de alarma. Ya saben, cuando los mercados tiemblan...