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Tal vez no sea más de lo mismo

  • Última actualización
    07 julio 2026 05:20

Desde hace años, el sector del transporte de mercancías por carretera va montado en una montaña rusa. Por un lado, hay carga de trabajo, algo positivo. Sin embargo, cada vez es más complicado poder dedicarse a eso del camión. Concretemos La pasada semana, la Federación Valenciana de Empresarios del Transporte y la Logística (FVET) presentó los resultados de su encuesta anual. Aunque el estudio se circunscribe a la provincia de Valencia, el informe sí nos da una foto bastante fidedigna de lo que puede ser el momento que vive el sector en España, dado que muchos de los problemas de los transportistas valencianos son comunes al de los operadores del resto del Estado.

Llama la atención que el 79% de las empresas encuestadas asegure que la situación del sector es estable: el 40% afirma que es buena, el 6% la califica de muy buena y el 33% la tacha de suficiente. Si comparamos estos resultados con la encuesta de 2025 (75%), vemos que el porcentaje de operadores que dan un aprobado a la situación ha subido cuatro puntos. No es mucho, pero es relevante. Entonces, ¿de dónde viene esa sensación de incomodidad y desasosiego que traslada el sector?

Si hablamos de coyuntura, hablamos del Estrecho de Ormuz. El 63% de las empresas encuestadas asegura que su principal problemática actual es el aumento del precio del combustible. No obstante, este problema -que en absoluto es nuevo porque si hay una materia prima permeable a la inestabilidad global esa es el petróleo-, tiene solución, por lo menos a nivel normativo. El marco legal para que las empresas de transporte trasladen el aumento del coste del combustible a sus clientes hace unos años que está ahí.

Tal vez estemos ante una incipiente transformación del sector

Lo que habrá que preguntarse, entonces, es por qué sólo el 35% de las empresas encuestadas es capaz de repercutir en su totalidad esos incrementos; el 58,8% sólo puede hacerlo parcialmente, mientras que el 6,2% no puede hacerlo en ningún caso. Y es aquí, en este punto, cuando dejamos la coyuntura y entramos en la estructura. ¿Estamos ante unos cargadores que se niegan a cumplir la ley? Puede ser que algunos lo hagan, pero me atrevería a decir que afortunadamente ya no es una situación generalizada ni mayoritaria. De hecho, según el informe de la FVET, los bajos precios de los servicios preocupan al 42% de las empresas, cuando hace un año esa preocupación se elevaba al 50%. ¿Puede ser que sea un problema de competencia desleal y que haya empresas de transporte que practiquen “dumping”? Es probable, pero el estudio elaborado por la FVET afirma que esa competencia desleal es un problema para el 18% de las empresas (cuando en 2025 lo era para el 23%).

En esencia, tenemos un importante problema coyuntural (incremento del combustible) que enraíza en serios problemas estructurales como los bajos precios o la competencia desleal. Sin embargo, la percepción de esos problemas por parte del propio sector parece que no es tan grave como en años anteriores. Entonces, ¿qué ha cambiado? La respuesta puede ser múltiple y poliédrica, aunque tal vez estemos ante una incipiente transformación del sector. Tal vez la atomización que siempre ha caracterizado al transporte por carretera esté revirtiéndose gracias al goteo de adquisiciones y fusiones; tal vez, como me reconocía recientemente un importante profesional de la carretera, el propio sector esté comenzando a creerse de verdad su importancia y empiece a hacerse valer. Tal vez. O tal vez las empresas más pequeñas no puedan resistir. O tal vez sea una mezcla de todo. O tal vez no sea nada, y en 2027 la encuesta de la FVET nos dibuje un escenario idéntico al actual, con el combustible por las nubes y con la falta de conductores como gran reto a resolver. Tal vez.