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Tan cerca... y tan lejos: Tánger

  • Última actualización
    26 septiembre 2023 05:20

La Plataforma Logística Aquitania-Euskadi (PLAE), creada en 2004 por el Gobierno Vasco, presidido entonces por Juan José Ibarretxe, y el Consejo Regional de Aquitania, quedó disuelta en 2012 poniendo fin a una trayectoria de ocho años en los que llegó a convertirse en un referente para la logística de la eurorregión y una de sus principales herramientas de promoción de sus infraestructuras en el exterior. Tuvo sus defectos, pero también sus virtudes, que, ahora, al trasluz del tiempo, quizá se valoran más que entonces.

Además de organizar el Atlantic Logistic Forum (ALF), que celebró ocho ediciones a ambos lados de la frontera, la PLAE gestionaba un generoso presupuesto que le permitía también organizar y costear viajes a sus entidades asociadas y a la prensa, con algunas “exóticas” visitas a infraestructuras como la Autoridad Portuaria de Copenhaguen-Malmö (ejemplo único de cooperación transfronteriza) en 2010 o a Tánger Med en 2009, por entonces un puerto joven e incipiente.

La percepción de cercanía o lejanía de un lugar respecto a un punto concreto es enormemente variable. El 13 de octubre de 2009 realicé mi primera visita a Tánger Med, formando parte de una delegación de la PLAE que viajó a la ciudad marroquí en avión, sobrevolando el Estrecho de Gibraltar en apenas unos minutos, sin oportunidad de divisar desde la altura la separación de ambos continentes.

“Creemos en Dios, la Patria y el Rey”, reza una enorme inscripción en árabe en lo alto de la ladera de una loma que da abrigo al puerto de Tánger Med

Casi 14 años después, el pasado 19 de septiembre, regresé a Tánger Med por segunda vez en un viaje que cobraba una dimensión diferente, tanto por el viaje mismo como por el destino. La travesía de 90 minutos en barco entre Algeciras y Tánger Med permite tomar un contacto más reposado con las realidades que unen y separan al mismo tiempo a ambos puertos, a España y a Marruecos, a Europa y a África, con Gibraltar como testigo, sin que en ningún momento se pierdan de vista sus siluetas, componiendo un paisaje en cinemascope único, donde la animación la ponen el oleaje, alguna que otra manada de delfines y barcos de toda clase y porte que desfilan en ambos sentidos.

En la aproximación por mar a Tánger Med, después de divisar incluso por babor la española isla Perejil, en lo alto de la ladera de una loma que brinda abrigo al puerto, una enorme inscripción en árabe compuesta con lo que parecen infinitas piedras blancas que destellan al sol, saluda al viajero: “Creemos en Dios, la Patria y el Rey”.

Y desde la mar, inabarcable de una sola mirada, emerge el Tánger Med de 2023, con sus diez kilómetros de frente marítimo y un ejército de medio centenar de grúas portacontenedores, pintadas en su mayoría de un “azul Maersk” que combina con los celestes y marinos que colorean el lienzo, apuntando con sus plumas a la otra orilla del Estrecho.

Inaugurado en 2007, el Tánger Med de mi primera visita desde tierra en 2009, poco tiene que ver con el actual, que ha escalado desde el puesto 61 del ranking mundial de puertos de contenedores al 22 actual, con 7,6 millones de TEUs movidos en 2022. Del mismo modo, Tánger Med ocupa la cuarta posición en el “Índice mundial de Rendimiento de Puertos de Contenedores” (CPPI) del Banco Mundial, que mide la eficiencia de los puertos.

Y su historia aún está por ser escrita. De puño y letra del Rey Mohammed VI, de cuya visión es fruto Tánger Med, según se encargaron de recordar las autoridades marroquíes subrayaron en TOC Africa. Tánger, tan cerca en la distancia, tan distante en la cercanía. Pero siempre a la vista.