Escribir esta columna tiene algo de atrevido. La complejidad del sector del transporte y la logística hace que sea un auténtico reto escribir todas las semanas y aportar desde esta columna una opinión seria y razonada sobre cada uno de los asuntos que nos ocupan, porque, entre otras cosas, se exige un conocimiento profundo y extenso de una actividad económica que aglutina a tantos y tantos colectivos, tan parecidos, tan diferentes.
Por eso mismo, cuando uno descubre su insignificancia ante la dimensión de lo que tiene delante, no tiene más que cargarse de humildad y paciencia para sentarse delante de un espacio en blanco que hay que decorar con unas 600 palabras. Y ahí seguimos, año tras año, semana a semana.
Opinar es fácil, hacerlo con sentido común es un arte; opinar es una tarea que debería llevar mucho trabajo porque, en definitiva, conlleva una responsabilidad equivalente al tamaño de las afirmaciones que se realizan. Ya saben eso de ser el amo de tus silencios y el esclavo de tus palabras.
Expresarse es un derecho fundamental que también tiene sus límites legales para proteger otros derechos como el honor o la intimidad. Dicho de otra forma, cuando la libertad de expresión colisiona con otro derecho fundamental comienza a perder su impunidad. No todo vale.
Por eso mismo, no todas las opiniones son respetables. Lo siento. Respeto el derecho a expresarlas, pero no puedo respetar lo que muchas veces se dice. Cuanto más conocemos el sector y todo lo que gira a su alrededor, más nos alejamos de quienes solo intentan crear fango y oscuridad manejando argumentos maniqueos y verdades a medias.
Opinar es fácil, hacerlo con sentido común es un arte
No debemos creer ni seguir a quienes mienten sistemáticamente sobre el sector y sus personas. Bastantes problemas tenemos ya como tener que hacer caso a aquellos que buscan un protagonismo efímero en forma de titular o a los que no tienen una mínima sensibilidad de lo que realmente significa la logística para el conjunto de la sociedad.
Como decía, opinar conlleva una responsabilidad por lo que se ha dicho, pero también debería implicar un trabajo previo de análisis, conocimiento, formación y discernimiento.
Nuestro sector es demasiado importante como para frivolizar con él. El ataque indocumentado y despiadado no debería salir gratis.
Y, ¿por qué escribo esto? ¿A quién me refiero? Pues la verdad es que en esta ocasión no pienso en nadie en concreto (aunque podría aportar un listado muy amplio y documentad0). Toda esta reflexión viene al hilo del fallecimiento ayer del artista Robe Iniesta, el líder del grupo Extremoduro.
No seré yo quien escriba un epitafio sobre él digno de ser recordado, ya que ni tengo conocimientos suficientes ni la capacidad para emocionar que él mismo poseía. En mi caso, creo que lo mejor que puedo decir de él es que fue una persona que me ayudó a pensar; que puso patas arriba los cánones que yo tenía preestablecidos e hizo que me cuestionara esas verdades que quizás no lo eran tanto.
Es importante que los que, de una u otra forma, nos dedicamos a opinar, tengamos unos referentes de los que seamos conscientes que han influido sobre nosotros.
Y esos referentes no tienen que salir siempre de la literatura o la filosofía, sino que también se pueden encontrar en la cotidianidad de quien tiene capacidad para crear una melodía increíble que se agiganta con las palabras adecuadas.
Debemos ser agradecidos con quienes nos ayudan a cuestionarnos. Eso nos hace crecer.