En el año 1945, Richard Rogers y Óscar Hammerstein II componían y escribían la canción “You’ll never walk alone” para el musical “Carousel”, un tema que ha sido adoptado por los aficionados del Liverpool Club de Fútbol a través de los años y sobre todo tras la tragedia de Hillsborough en 1989, donde fallecieron 97 aficionados del club inglés aplastados contra las vallas del estadio a causa de una avalancha. Todos aquellos que están leyendo estas líneas y que sean seguidores del fútbol inglés -y del fútbol en general- sabrán de qué va realmente este himno cuando habla de “tormenta”, “oscuridad”, “mantener la cabeza bien alta”, “caminar a través del viento y la lluvia”, “sueños golpeados y pisoteados” y “nunca caminarás solo”. Todas y cada una de las estrofas de “You’ll never walk alone” son un claro mensaje de aliento y apoyo en tiempos difíciles, de afrontar las adversidades con valentía y, porque no, con ciertas dosis de optimismo, sobre todo porque al final, uno no está solo. Quien no recuerda el gesto de 1997 del futbolista del Liverpool Robbie Fowler quien, durante un partido de la Recopa de Europa, mostró una camiseta a favor de los estibadores de la ciudad inglesa, olvidados por la prensa local tras llevar meses en huelga. La canción ha servido como un canto de unidad y apoyo mutuo, no solo en el contexto del fútbol, sino también en la vida cotidiana de muchas personas alrededor del mundo.
Podríamos convenir que, de unos años a esta parte, se ciernen sobre las cabezas de este sector logístico nuestro muchos contratiempos en forma de nubarrones negros y de oscuridad. Es cierto que la logística es una industria que resiste mejor que otras los períodos de crisis, pero también lo es que esas crisis, cuando llegan, nos golpean primero. Y lo hacen porque la actividad logística es el gran reflejo de lo que pasa en todo el mundo. Esa tormenta de la que habla la canción hoy tiene forma de desencuentros entre bloques geopolíticos, guerras comerciales, conflictos armados en lugares clave para el comercio internacional, consecuencias del cambio climático, o normativas internacionales cuya aplicación es enormemente costosa tanto por su calendario como por el desconocimiento de la industria a la que afecta.