Como no podía ser de otra manera, la iniciativa #QuieroCorredor, impulsada por la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), concluyó su periplo de actos empresariales el pasado jueves con una gran performance en el Roig Arena en la que no faltó nadie. Ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, check; comisionado del Gobierno para el Corredor Mediterráneo, Josep Vicent Boira, check; coordinador europeo del Corredor Mediterráneo, Mathieu Grosch, check; empresarios a tutiplén, check.
La excusa que permitió la reunión de más de 2.500 empresarios y representantes de la sociedad civil de toda España en Valencia fue celebrar el 8º Acto Empresarial por el Corredor Mediterráneo y conocer el 2º chequeo semestral del estado de las obras de 2025. Como recordó el presidente de AVE, Vicente Boluda, el objetivo de #QuieroCorredor siempre ha estado claro: garantizar un tren (tanto de mercancías como de pasajeros) que conecte el Mediterráneo español desde Algeciras hasta la frontera francesa. ¿Hito alcanzado? No.
Pese a los años de asignaciones presupuestarias, la década de fiscalización sesuda de AVE y las inversiones de la Unión Europea, todavía queda bastante para que un contenedor pueda viajar en términos de competitividad por el corredor mediterráneo. Eso sí, el jueves, nos vendieron como un éxito inapelable que el 100% del trazado está activado en alguna fase del proceso. Y bueeeeenoooo... ¿es mucho éxito ese? No sé... El papel es muy sufrido y el “en los próximos meses” de un discurso puede convertirse en años en un plis plas. A veces, tengo la sensación de que algunos de los gestores que nos gobiernan están de visita en el planeta Miller de Interstellar, ese en el que el tiempo pasa más lento; a la que regresen a la Tierra me habré jubilado...
¿Qué tendría que pasar para que los cargadores apostaran por el ferroviario? Pues... ¿Autopistas ferroviarias? ¿Ecoincentivos a la demanda? Sí, algo así
Las bondades del Corredor Mediterráneo (a saber: reducir costes logísticos, impulsar la exportación, atraer inversión, fomentar el turismo y mejorar la cohesión territorial) las tenemos claras, pero ¿de verdad nos tenemos que olvidar de que el ferrocarril está como está en España?
Hace unos días, publicamos nuestro libro “Cargadores 2025” y en él las asociaciones de cargadores confirmaban sus dudas acerca del modo al que calificaban de “la gran asignatura pendiente en España” porque tenemos una red fragmentada, con cuellos de botella y problemas de interoperabilidad.
Además, el transporte ferroviario tiene unos costes elevados y una fiabilidad de servicio y tiempos de tránsito que aún no son competitivos. Todo esto se suma a la inexistencia de una red de terminales intermodales eficientes y bien conectadas con los centros de producción. Y por todo esto la carga no se sube al tren. Así de simple.
¿Qué tendría que pasar para que los cargadores apostaran por el ferroviario? Pues... ¿Autopistas ferroviarias? ¿Mejora de la calidad de servicio de las terminales de interior y más terminales de intercambio modal? ¿Ecoincentivos a la demanda? Sí, algo así.
Estoy segura de que estando como está la situación, con la escasez de transporte terrestre (por lo que todos sabemos) y la exigencia de reducir emisiones, la carga demandaría soluciones ferroviarias para sus necesidades de transporte si la red fuera eficiente (o simplemente existiera). Pero la mercancía no puede coger el tren si no hay tren; no puede moverse sobre raíles si la oferta disponible solo piensa en el pasajero y las necesidades reales del sector productivo ni se conocen. Es una pena.
Espero que pronto la mercancía pueda elegir el modo ferroviario por convicción y por precio. ¿Lo veremos?