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Zonas francas, las aliadas olvidadas

  • Última actualización
    22 diciembre 2025 05:20

Hace unos días, en uno de los siempre interesantes almuerzo-coloquios que organiza el Propeller Club de Algeciras, se presentó la superviviente Zona Franca de Cádiz. Y digo superviviente porque así lo relató el delegado del Consorcio de la Zona Franca de Cádiz, Fran González, en su intervención; cero ganas de hablar mal de una entidad que hace no tanto tiempo estaba en situación de quiebra técnica y que ha sabido salir adelante con el afán de ser motor económico e inversor de referencia en la provincia.

¿Cómo ha sido posible revitalizar una Zona Franca que en 2020 tenía una deuda de 190 millones de euros, mala reputación y nula credibilidad institucional? Pues según González, “con un Plan de Viabilidad 2021-2025 que se ha cumplido, con una reducción de la deuda del 53%, hasta situarla en 89 millones, y la obtención de beneficios por primera vez en 13 años”. Les queda aproximarse más a las empresas de las bahías de Cádiz y Algeciras, reconoció el delegado, por eso impulsarán “proyectos compartidos y vertebradores, capaces de generar un ecosistema empresarial sólido en toda la provincia”. ¿Lo lograrán?

Es determinante para la cadena de suministro que las zonas francas evolucionen en el compromiso de apoyar a las empresas en sus necesidades de internacionalización y movilidad

Por el momento, en el centro de este revivir ha estado la Economía Azul o lo que es lo mismo el crecimiento económico sostenible. Asumo que todo el mundo es consciente de la importancia de los recintos fiscales de Cádiz y la Bahía de Algeciras y que no hace falta que mencione su impacto evidente en la cuenta de resultados del Consorcio (es obvio que los nuevos proyectos empresariales y sus inversiones en los terrenos de la ZF han sido y son la causa directa de la recuperación), pero lo más disruptivo, lo que se ha salido del carril, ha sido la apuesta por el modelo de Economía Azul que lleva una letra pequeña adosada que no todos los agentes económicos integran como propios: el conocimiento y la innovación. En este sentido, las zonas francas, esas áreas donde se aplican regímenes aduaneros y fiscales especiales y cuyo fin es mejorar la competitividad empresarial, fomentar el comercio internacional y atraer inversiones, son ya verdaderos focos de progreso y tenemos dos ejemplos contundentes: la mencionada ZF de Cádiz y su homóloga ZF de Barcelona.

En Cádiz, con el desarrollo de Incubazul (que ya ha incubado 100 empresas con una fuerte orientación a la innovación tecnológica aplicada al ámbito marítimo) y ZF Blue Core (el nuevo espacio de aceleración y acompañamiento a pymes en la internacionalización).

Y en Barcelona, con el DFactory Barcelona (ecosistema de industria 4.0 de referencia internacional que ya alcanza la plena ocupación) y Logistics 4.0 Incubator (incubadora dedicada a la industria 4.0 en el ámbito de la cadena logística que ya ha incubado 60 startups con un volumen aproximado de 46 millones de euros).

¿Me olvido de las otras Zonas Francas del país? No, por favor, Santander, Sevilla, Vigo, Gran Canaria y Tenerife, no se me molesten. De hecho, es determinante para la cadena de suministro que las zonas francas evolucionen con el compromiso de apoyar a las empresas tanto en sus necesidades de internacionalización como de movilidad o de suelo industrial.

Además, las zonas francas se autoproclaman plataformas que priorizan la resiliencia, la inclusión y la alineación con los ODS, sin olvidarse de lo anterior. Ahí es nada. A veces se nos olvida que están por lo que están y que se crearon a principios del siglo XX para impulsar zonas industriales y equilibrios territoriales con los que luchar contra las dificultades económicas. Son aliadas.